lunes, enero 16, 2006

A veces tengo miedo ...

Cuando era un niño solía despertarme asustado durante la noche y me costaba tremendamente quedarme dormido nuevamente. Mis sueños y desvelos habitualmente tenían como centro dos grandes "sustos" : el primero siempre se relacionaba con la pérdida de mis padres. Esa sensación de abandono e indefensión que lograba imaginar y sentir por adelantado era de un dolor inimaginable, más aún bajo la visión de un niño. El segundo, estaba repetitivamente relacionado con con el espacio infinito, aquel que no se acaba nunca, a través del cual puedes viajar cientos de miles de millones de años y que así y todo nunca termina. Un espacio de oscuridad, sin referentes conocidos y sin vuelta atrás al no haber un atlas que te indique el camino de regreso a casa.
Con los años esos miedos fueron desapareciendo pero probablemente marcaron profundamente mi orientación en la vida.
Sin lugar a dudas no existen los padres perfectos pero los míos fueron los perfectos padres para mí. Este es un descubrimiento que he hecho con los años, en algunos casos en un proceso de construcción paulatino y en otros a través de entendimientos reveladores en un momento particular. El temor infantil a perderlos ha dispuesto y orientado mis esfuerzos a no querer perderlos. Aunque obvio, los esfuerzos son distintos. Es el valor de la familia lo que ha orientado mi vida en múltiples sentidos. Por un lado, aceptar a mis padres tal cual son, llenos de virtudes y también con sus defectos, pero por otro, también plantearme el padre que yo quiero ser para orientar la vida de mis hijos que tanto amo.También es el estar atento a esos miedos que ellos tendrán (y ya tienen) en la vida, no para evitárselos sino simplemente para acompañarlos y hacerlos sentir profundamente amados.El gran valor de amar en vida permite la proyección de este amor después de la muerte, cuando uno ya no esté.
Mi temor al espacio infinito y a la oscuridad me permitió establecer en lo más profundo de mi ser una búsqueda continua de la luz, esa luz que te acaricia, te cubre, te protege y te permite ver dentro y fuera de tu alma. Esa luz es la que me ha permitido atreverme a traspasar barreras más allá de lo que desde mi visión de niño hubiera pensado iba a traspasar. Ha sido el descubrimiento de Dios en mi vida, con todo el amor infinito que El puede cobigar para nuestro bien y el de todos. Es una luz que se comparte y que nos inunda. Es la luz que nos permite abandonar el miedo para seguir adelante. Es la luz que permite volver al centro y reencontrarnos con nuestra paz interior.

Hoy también tengo miedo, muchos miedos a veces. Miedo a no poder, a no ser capaz, a defraudar al otro desde el amor. Y cada día, quizás gracias a esos, mis primeros miedos, descubro mis centros vitales y los puntos de enrgía para tratar de superarlos : la familia y la luz de Dios en mi vida.

A veces tengo miedo ... pero no me da miedo reconocerlo.

5 Comments:

Blogger Gabriel said...

Pienso que todos tenemos miedos y diferentes estrategias para abordarlos; el estudio del Eneagrama es muy rico en enseñanzas en esta materia pues hasta los mas seguros también los llevan; bueno, a veces se les olvidan pero igual están ahi.
También es cierto que hay personas que como que tuvieran menos miedos e incluso algunas como que parece que no tienen ninguno.
Un miedómetro sería un interesante instrumento a disponer.
Valiente tu post Pato y te felicito pues abres nuevos rumbos de más intimidad y apertura del diálogo por este medio.
Saludos

11:42 a. m.  
Blogger Pato said...

Gabriel, gracias por tu dedicación y paciencia para alcanzarnos con tu apoyo, aporte y pensamiento frente a lo que posteo.

4:09 p. m.  
Blogger Ramón said...

Pato, debo reconocer que mientras leia tu post, tuve una muy sensación similar a la tuya. Mis padres también fueron perfectos para mi y la luz que te entrega la familia y Dios son también mi base para superar el miedo. Talvéz un miedo que sólo administra Dios es el tiempo y la gran incognita es no sabemos de qué plazo disponemos. La alternativa a esto es vivir cada día como si fuera el último, lo que no es nada de fácil. Saludos

9:50 a. m.  
Blogger Pato said...

Ramón, la gran pregunta es qué haríamos si este fuera nuestro último día y probablemente la respuesta es simplemente estar con nuestra familia, con aquellos que amamos profundamente. Cómo lo estamos logrando es la reflexión personal que cada uno en su interior debe responder con honestidad. Un abrazo.

10:29 a. m.  
Anonymous Carola Fuentes said...

Pato:
Es increible pero mis recuerdos de niña también son esos miedos tremendos de figuras indescriptibles e inmensas que me hacían dormir con la luz prendida diariamente...Ahora mis miedos se transformaron, ya no son mis propios sufrimientos, ni sustos, sino que el sufrimiento de mis seres más queridos que son mis hijos, Rodrigo y uds. toda mi familia de origen...no quiero que lo pasen mal y darme cuenta que esto no siempre es posible es el miedo que tengo ahora...pero de grande entendí también que solo la Fe es lo que te da la fuerza para seguir, acompañar y estar ahí siempre lista para quienes tu quieres (sea cuando sea que te necesiten) y pido todos los días por ello. Como mi frase dice: "Paciencia y Alegría" me hacen resistir todo y esas gracias se las pido a Dios y la Vírgen a diario y muchas veces en el día.

1:56 p. m.  

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